marzo 31, 2020

Revuelta de San Miguel

La vetusta ciudad romana se sumerge en el olvido y es en este momento donde irrumpe en la historia con un nombre nuevo: Villanueva de Alcaraz. Una “ciudad nueva” que lleva marcado a hierro el nombre de su propietario: Alcaraz.

La insistencia de Alcaraz en sus reivindicaciones consiguió que Juan I en 1380 ordenase a abrir investigación sobre la legitimidad de la posesión y cortara los abusos jurisdiccionales realizados por la Orden de Santiago, tras un reñido pleito en ese mismo año Villanueva fue devuelto a Alcaraz.

En este punto llegamos a un hecho capital en la historia de Villanueva de la Fuente la guerra civil en 1475 entre el Marquesado de Villena y los Reyes Católicos, como cualquier otra guerra civil, dividió a los municipios del Campo de Montiel en función de sus intereses, mientras que Alcaraz tomo partido por los Reyes Católicos y se alzo contra el Marques.

Una vez más Villanueva se jugó la vida en una partida trascendental, y a una sola carta “Esta vez toco perder”. En 1475 Alcaraz enarboló los pendones de los Reyes Católicos, lo que significaba el alzamiento de la ciudad contra el Marqués de Villena.

Tuvimos un castillo que fue asediado, para ello los asaltantes hicieron un túnel apuntalado con vigas de madera a la cual una vez hecho el túnel le prendieron fuego posteriormente y así hundieron la muralla, un sistema de asedio y ataque complejo y costoso, solo utilizado en ataques contra fortalezas de cierta envergadura, los Reyes Católicos fueron los que dieron orden de asediarlo, se autorizo a los asaltantes a apropiarse de los bienes de los defensores del enclave.

En virtud de esta nueva situación, y al amparo del apoyo tácito de la Corona, se tiene constancia del abuso del poder alcaraceño sobre los vecinos de la villa, especialmente en el aspecto económico, con una excesiva carga tributaria hacia el núcleo de población. Tal fue la “sangría” auspiciada por los recaudadores, que la población tuvo que acudir a la Corte en busca de amparo y justicia. A pesar del reconocimiento oficial de los excesos alcaraceños, ya que incluso los Reyes Católicos enviaron varias cartas reconociendo los derechos de los vecinos de Villanueva, la situación continuó manteniéndose durante los años siguientes, solo una vez terminada la guerra en 1480, se lograron  restituir algunos derechos y recuperar ciertas cotas de autonomía.

Esta situación agraviante para la ciudad se mantuvo durante el resto del siglo XV. Inicialmente por el propio control militar de la villa, a lo que se añadiría el pago de la odiada “cuenta de San Miguel”, contribución así denominada por que tenían que abonar todos los lugares del término el día 29 de septiembre de todos los años.

Desde inicios del siglo XV se generó un escenario continuo de tensión entre la población local y el poder señorial de Alcaraz, esta tensión fue progresivamente creciendo durante la siguiente década.

En el año 1524 se extendieron una serie de enfrentamiento que contribuyó al desarrollo de los acontecimientos de 1525. En este año se conocen desavenencias con la Orden de Santiago por el pago de unas obras en la Iglesia.

La llegada de Hinestrosa en verano significó la destitución de las autoridades de la villa, enviando unos a la corte y otros a la cárcel por su mala administración, a la vez que imponía fuertes multas a personas relacionadas con el gobierno de Villanueva.

El 29 de septiembre, una fecha muy odiada por el pago de la “cuenta de San Miguel” los vecinos de Villanueva arremetieron contra el poder de Alcaraz. Agredieron a los oficiales elegidos, despojándolos de sus cargos y dignidades, para posteriormente  asaltar la cárcel de la villa. Liberaron a los detenidos en los pleitos de los años anteriores, pasando a ocupar algunos de ellos los puestos de la representación municipal. La alcaldía recayó en Andres Mejia un menor de 20 años y el cargo de regidor en Juan Carrasco, que se encontraba condenado a muerte.

Con este paso Villanueva se colocaba por un lado fuera de la ley, arriesgándose a una fuerte represión por la parte de la Corona, por otro lado significaba el sueño de unas aspiraciones de libertad y autonomía, una viaje aspiración del conjunto de la población.

La respuesta no se hizo esperar y un cuerpo de infantería y caballería desde Alcaraz, mandado por el alcalde mayor de la ciudad, el bachiller Luis Fernández,  aplastó a la sublevación y encarceló  a todos los amotinados, llamando a un escribano de Alcaraz, al ser leal a la sublevación el de Villanueva, para que levantara acta de lo ocurrido. Las diligencias se enviaron a la chancillería de Granada, siendo la apelación de Villanueva desestimada y sus habitantes declarados “rebeldes e contumaces”.

El 28 de octubre, desde Toledo, doña Juana y don Carlos ordenaban al corregidor de Alcaraz que volviese a encargase de cobrar las rentas y los propios. El 30 de noviembre se ordenaba a instancias del procurador Juan Rodríguez Noguerol la tarea de llevara a efecto las sentencias del procurador Hisnestrosa.

A pesar de la fugaz victoria del alzamiento, éste fue controlado rápidamente por Alcaraz, contando con el apoyo de una Corona deseosa de evitar cualquier tipo de sublevación en su territorio. A pesar de que la situación jurídica  se mantuvo hasta el reinado de Felipe II, la sublevación de San Miguel constituiría un camino “sin retorno” hacia la emancipación definitiva de Villanueva en 1565.

Estos hechos han sido representados en las obras “Campanas de Libertad” y “Un Largo Octubre”.